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Una alimentación equilibrada comienza con un buen desayuno que nos ayudará a comenzar nuestra jornada. Según los datos del Plan de Educación Nutricional por el Farmacéutico el 80% de los niños entre 10 y 12 años toma leche, pero de ellos el 26% sólo un vaso al día lo que puede provocar deficiencias nutricionales específicas como de calcio. La misma encuesta desveló que sólo uno de cada cuatro niños tomaba cereales y uno de cada cinco fruta.

Resulta realmente alarmante que el 3% de los escolares van a la escuela sin desayunar, a pesar de que se ha avanzado últimamente en este porcentaje la situación debe cambiar. La leche con galletas y cereales es el desayuno más habitual. La leche sola la eligen los más pequeños, aunque el mayor porcentaje la toman con cacao. A medida que aumenta la edad disminuye el consumo de leche, algo lógico, porque los más pequeños están bajo la tutela directa de los padres que les preparan el desayuno, pero que también debe ser corregido.

El aporte energético-calórico del desayuno es de gran importancia, ya que nos permitirá lograr un adecuado rendimiento tanto físico como intelectual en las tareas escolares y el trabajo diario. Desayunar es algo más que tomar un café, pues el café o las infusiones no nos aportan prácticamente ningún nutriente. Un desayuno completo nos ayudará a conseguir los aportes nutricionales más adecuados, equilibrar las ingestas y contribuye a la prevención de la obesidad infantil y mejora el rendimiento intelectual, físico y la actitud en el trabajo.

A la hora de elaborar un buen desayuno debemos tener en cuenta la triada compuesta por: lácteos, cereales y frutas. Los productos lácteos los podemos obtener con un vaso de leche, un yogur o el queso. Los cereales los encontramos en las galletas, el pan normal o integral, o la repostaría casera. Por último no debemos olvidar las frutas, o bien mediante el consumo de alguna pieza o en zumos naturales.

La leche nos aporta fundamentalmente minerales como calcio y además vitamina A y B, entre otros; el pan y los cereales nos proporcionan hidratos de carbono de absorción lenta además
de energía y vitaminas; por último la fruta nos aportará hidratos de carbono de absorción rápida, agua, vitaminas, minerales y fibra. También se podría complementar el desayuno en algunas ocasiones con otros alimentos proteicos como huevos, jamón o frutos secos.